El uso de las redes sociales como elemento de comunicación dentro de la empresa presenta aún algunos inconvenientes que provocan cierto recelo en no pocos directivos. El miedo a que suponga una distracción mayor que las ventajas que aporta en comunicación es uno de ellos. Sin embargo, las redes sociales adecuadamente gestionadas permiten una nueva manera de hacer las cosas en determinadas funciones empresariales, como son la función de marketing o la función de innovación, a la que me voy a referir a continuación.

La naturaleza de las redes sociales las hacen idoneas para integrarse en las primeras etapas del proceso de Innovación de una empresa como uno de sus elementos estrella –que no único, desde luego–, gracias a tres características: son profundamente participativas, es el propio interés de los usuarios el que las mantiene vivas y se filtran en cualquier estructura tradicional sin competir con ella.

Es decir, cumplen a la perfección algunos de los requisitos de un sistema de innovación abierto a las personas (empleados, clientes, partners…): movilizar a los participantes –en este caso es aún mejor porque ya contamos con su interés–, favorecer la ‘transpolinización’ y evitar en lo posible que el proceso de generación de innovaciones entre en competencia con el resto de procesos ordinarios de la empresa.

En este sentido el formato de redes sociales es muy interesante en las fases de alineamiento con los objetivos de innovación y de generación de ideas. Eso significa manejar la temática de la red, o lo que es lo mismo, los objetivos con los que deben alinearse, así que una de las claves para su aprovechamiento será la habilidad de cada empresa para encontrar objetivos capaces de movilizar a las personas.