La innovación es aún para muchas empresas algo… nebuloso, …algo confuso de gestionar y de resultado bastante incierto.

La mayor parte tienen asumido no obstante que “hay que innovar”, que si no lo hacen se quedan atrás, o poniéndolo en positivo, que la diferenciación que otorga la innovación puede ser el distintivo que haga progresar a su empresa …o que al menos les permita sortear la crisis con desahogo. Y a pesar de ello, sienten la innovación como algo intangible que se escapa entre sus dedos cuando intentan gestionarla. Saben en definitiva que “de alguna manera” la innovación puede hacerles más competitivos pero no disponen de un «mecanismo» para bajar esas nubes a ras de tierra, a acciones concretas y a resultados económicos medibles.

Precisamente con la intención de hacer aterrizar la innovación, de ponerle los pies en el suelo, nació hace apenas unos añitos el concepto de Innovación por Objetivos y la metodología práctica que de él se deduce y que permite que la innovación sea algo tangible, gestionable, extraordinariamente rentable y, atención, cuantificable.

Este blog nace con el propósito tanto de compartir el conocimiento sobre Innovación por Objetivos, como para enriquecer y evolucionar la metodología con las aportaciones y experiencias de otros (de vosotros).

Para introducir el tema, quiero mencionar en este primer post los tres principios que sustentan la Innovación por Objetivos:

  • Búsqueda deliberada de la innovación …frente a la actitud pasiva de la innovación fruto de la inspiración, la “revelación” o la casualidad.
  • Un flujo de acciones sistematizadas …frente a la imagen romántica del “genio” de vida desordenada, caos al que precisamente se atribuye su fuente de inspiración.
  • Obtención de resultados cuantificados …frente al concepto etéreo y a la aparente imposibilidad de medir la “innovación artística”.