Como valenciano que soy residente en el “cap i casal” y estando en plena semana de Fallas, no puedo resistirme a encontrar y postear ejemplos que ilustren algún aspecto relacionado con la innovación.

Un año más, ayer estuve invitado a presenciar –sentir sería más apropiado– la Mascletà desde un balcón de la plaza del ayuntamiento de Valencia. “El portugués”, que así se llama el “senyor pirotecnic”, nos deleitó derritiendo literalmente nuestros oídos y lanzándonos una serie de ondas expansivas convenientemente sincronizadas, a cada cual más violenta, que nos sacudieron desde el primer dedo del pie hasta el último pelo de la cabeza (literalmente en mi caso). Y luego, el olor a pólvora, la piel de gallina y los órganos internos bailando aún a ritmo de Mascletà. Tremendo!

La plaza está alfombrada de miles de personas desde una hora antes –dos horas para coger un buen sitio– sin espacio para dar un paso adelante o atrás, y los accesos a la plaza se han colapsado en varias manzanas por los aficionados, curiosos y turistas que intentan acercarse al ayuntamiento para sentir la Mascletà. El tráfico en todo el centro está cerrado debido a la marea de gente que inunda las calles.

Al finalizar la gente desborda las vallas de protección y corre a la jaula a aplaudir al maestro pirotécnico y los miles de aficionados comentan los matices del espectáculo: el ritmo, la musicalidad –sí, he dicho musicalidad–, la coordinación, la luz y tantos otros aspectos que saben valorar y apreciar. Y siempre, siempre se debate sobre la calidad de la Mascletà en comparación con las de otros días y se identifican los aspectos por los que la empresa pirotécnica ha conseguido diferenciarse de su competencia.

Cosechar buenas críticas de los aficionados supone para las empresas de este sector mejorar notablemente sus posibilidades de conseguir contratos en años sucesivos, tanto en la ciudad de Valencia como en otras grandes plazas como Alicante, Elche o Castellón, así como en los centenares de pueblos que por estas tierras celebran sus fiestas con mascletás. Es un sector relevante que emplea a muchas personas, con clientes –aficionados– exigentes que obligan a las empresas a innovar cada año en sus montajes, siempre dentro de los límites que impone la tradición. Podría parecer que dichos límites son un obstáculo para la innovación, aunque es un hecho cierto que las restricciones agudizan el ingenio y mejoran la calidad de la innovación. Sin embargo, existe una razón fundamental que justifica el enfoque de las empresas pirotécnicas a diferenciarse de la competencia dentro de los límites que imponen las preferencias de la afición, una razón inherente al objetivo mismo de la innovación empresarial y que se pone de manifiesto al preguntarnos: …diferenciarse, ¿ante quién?.

Ya hemos visto que las compañías buscan diferenciarse de la competencia, pero aún es más importante tener claro que deben diferenciarse ante sus segmentos de cliente objetivo (actuales o futuros), y no simplemente “diferenciarse” sin más. Esto significa que deben diferenciarse según los criterios de valoración de dichos segmentos, lo que naturalmente incluye sus gustos y preferencias, y en consecuencia las restricciones que estos imponen.

Cuando una empresa piensa en innovación y olvida el “ante” está comprando boletos para perder el enfoque y el posicionamiento. Cuanto mayor sea el esfuerzo realizado en esta innovación sin foco, mayor será la velocidad con la que se lanzará al pozo de las empresas perdidas.

Los que no sepáis bien qué es una mascletá podéis haceros una idea en este video. El idioma del audio es parte en castellano y parte en lengua valenciana, pero creo que se entiende bastante bien. Así lo espero.

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