Esta es la curiosa descripción del nuevo, flamante y sofisticado iPad que hacían anoche en la tertulia económica de Onda Cero Radio. Caray, tuve que reírme un rato, aunque luego me pareció que tenía un gran sentido común. Me voy a explicar.

Si el posicionamiento pretendido es esa idea conceptual de nuestro producto que queremos instalar en la mente del grupo de clientes objetivo, el posicionamiento logrado será la definición conceptual que dichos clientes hagan de nuestro producto. En ese sentido, esa definición tan particular que daban en la radio es exactamente lo que el iPad es para una elevado número de posibles clientes.

Naturalmente esta opinión no representa al grupo de “early adopters”, que sin duda podrán asombrarnos con toda clase de datos técnicos y demostraciones de su usabilidad, ni desde luego tampoco representa a los entusiastas de Mac, que sólo necesitan ver la manzanita para confiar en el producto, y a menudo con razón. No, esta opinión es la de ese grupo mayoritario de posibles clientes que pueden hacer que un producto cruce el abismo y sea adoptado por el mercado …o que no lo haga. Es el grupo de los pragmáticos.

Bien, si este es el posicionamiento conseguido en este grupo decisivo, ¿cuál es valor diferencial que el iPad les va a aportar en grado suficiente como para decidirse a adoptar este producto? En otras palabras, ¿cuál es la innovación que les aporta el iPad? Evidentemente no es una simple innovación tecnológica, que no parece emocionar a este grupo, sino algo tan sutil como evidente para ellos: una manera más agradable e intuitiva de interactuar con los servicios actuales que ofrece la tecnología.

Ya que he nombrado el abismo de Geoffrey Moore, lo citaré de nuevo para decir que este tipo de innovación es lo que Moore llama “Innovación de Aplicación”, y que consiste sintéticamente en explotar un nuevo uso de un producto o servicio ya existente. Es un tipo de innovación que se orienta más a conseguir cuota rápidamente que a fidelizar clientes o maximizar beneficios, y que puede provocar la creación de un nuevo mercado (con sus nuevo estándares y su particular cadena de valor). ¿Suena o no suena esto al Apple de los últimos 10 años?

Parece claro que Apple, con muy buen criterio a mi entender, enfoca su innovación a conquistar a ese grupo de pragmáticos que le permitirán crear y liderar nuevos mercados, y no a deslumbrar a los enamorados de la tecnología, al contrario de lo que suele creerse.

Una vez más la tecnología no es el fin sino el medio para llegar a la auténtica innovación.

Para terminar, prometo escribir en breve un post sobre un libro de Moore que me encanta: “El desafío de Darwin”.