¿Recuerdan ese juego infantil en el que los niños se ponen en corro y cada uno le dice al de su derecha al oído lo que antes le había susurrado el de su izquierda? Las deformaciones que sufre el primer mensaje hasta que el último del corro cuenta a todos lo que ha entendido son tan surrealistas y cómicas que provoca la risa, esa mezcla de carcajada y asombro propia del humor absurdo. Por aquí le llaman “el teléfono” y parece que es uno de los pocos juegos “pre-consolas” que más o menos sobreviven, a juzgar por lo que mis hijos me cuentan.

Ese mismo juego, aunque con un resultado menos gracioso, es el que jugamos en las empresas cuando obligamos a que las ideas propuestas en alguno de los escalones jerárquicos “inferiores” pasen por todos y cada uno de los escalones intermedios antes de llegar a quien tiene el poder de decidir si la idea va adelante o no. El resultado es que a menudo las ideas no llegan a quien debe decidir sobre ellas o lo hacen tan matizadas que pierden su fuerza. Esta peregrinación tiene un elevado coste de comunicación, especialmente en tres aspectos:

  • Tiempo, ya que los escalones intermedios priorizarán sus propios asuntos en sus pilas de “cosas para hacer”, con lo que revisar y elevar las propuestas que les lleguen será una de esas tareas que tienden a quedarse siempre en el fondo del cajón.
  • Cribas deliberadas –bien o malintencionadas– que se producen en cada escalón, porque tal aspecto no gusta o no conviene a esa persona o no se quiere “molestar” al escalón superior o mil razones más. Esta criba es a veces completa y la idea es descartada por quien en realidad no debe tomar esa decisión. La peor y más desalentadora de las cribas es el cambio de autor, cuando el escalón intermedio se adjudica la autoría de la idea.
  • Pérdidas de traducción”, al alterarse el contenido o matiz en las sucesivas traducciones. Son matices insuficientemente explicados o entendidos, aspectos que se dan por supuesto y la inevitable influencia de la visión subjetiva de cada interlocutor. No hay intencionalidad en ello y es un fenómeno connatural a la comunicación.

Este último punto es el que añade el humor al juego del “teléfono”, o anima chistes como el del clásico de Eugenio que podéis ver en este video y que ilustra con un poco de humor lo que os he contado.

Estas pérdidas de traducción se conjuran básicamente con dos antídotos:

  • Reducción del número de escalones en la aportación y gestión de ideas. Lo ideal es que haya un único escalón, aunque para que esto tenga éxito resulta casi imprescindible el uso de software de gestión de ideas.
  • Uso de equipos multidisciplinares y multijerárquicos como unidad elemental de la búsqueda de la innovación en la empresa (tengo pensados varios post para este tema).

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